Una lectura de la encíclica Laudato si’

“Todo está conectado.” – El Papa Francisco, a lo largo de los seis capítulos de su encíclica Laudato Si´ (Alabado seas), profundiza en la reflexión de esta frase emblemática de la ecología.

Después de un breve resumen de la actual crisis ambiental global (capítulo 1), Francisco ofrece una primera síntesis del mensaje bíblico al respecto (capítulo 2). Luego hace un análisis más riguroso de las causas culturales del daño continuado que los hombres están causando al planeta tierra (capítulo 3), para después confrontar este análisis de raíz con una propuesta de cambio radical bajo el nombre innovador de una “ecología integral” (capítulo 4). Los dos últimos capítulos (5 y 6) forman una tercera pareja de reflexiones dialógicas enfocando la acción (5) y la contemplación (6) frente a la creación maltratada. Leer los seis capítulos como tres parejas en diálogo (1 y 2, 3 y 4, 5 y 6) es una clave para facilitar la lectura de la encíclica. – En el presente ensayo queremos sugerir algunas más.

Francisco construye su mensaje sobre los fundamentos del magisterio de sus antecesores San Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ahonda en el concepto de “ecología humana” mencionado esporádicamente por el primero y desarrollado por el segundo, sobre todo en la encíclica Caritas in veritate (2009) y en el discurso del Papa alemán en el Reichstag de Berlín (2011). Además, Francisco cita una multitud de documentos emanados de las conferencias episcopales nacionales de los cinco continentes. La sorprendente abundancia de las referencias al magisterio episcopal expresa el sentido de la colegialidad del orden episcopal, que incluye al obispo de Roma, y la actitud de escucha y diálogo del Papa Francisco.

Otra fuente de su reflexión sobre una novedosa “espiritualidad ecológica” es la tradición de las órdenes religiosas, pricipalmente la benedictina, la franciscana y la carmelita. Faltan, curiosamente, las referencias jesuíticas en la primera encíclica firmada por un jesuita, aunque menciona, por ejemplo, a los jesuitas Pierre Teilhard de Chardin (nota 53) y Juan Carlos Scannone (nota 117).

Hay tres citas ecuménicas que son la referencia al patriarca ortodoxo Bartolomeo (notas 15-18), al pensador protestante Paul Ricoeur (nota 59) y al maestro espiritual islámico Ali Al-Kawwas (nota 159). Hay que agregar además la herencia judía contenida – claro está – en todas las referencias al Antiguo Testamento. El espíritu ecuménico e interreligioso de la encíclica también está recogido en una “Oración por nuestra tierra” (no. 246) redactada con la intención de ser compartida entre todos que creen en Dios.

Encontramos en Laudato Si´ tres referencias de carácter más personal que merecen ser destacados:

(1) La devoción del Papa por San José, custodio de la Iglesia, a quien invoca para finalizar la encíclica (no. 242). Esta invocación viene acompañada por una cita implícita de San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas, de cuya “Contemplación para alcanzar el amor” (Ejercicios Espirituales, no. 230-237) presta la fórmula de “amar y servir” que San Ignacio, a su vez, conecta con una muy profunda reflexión sobre la creación.

(2) Una fuente teológico-filosófica importante de la nueva encíclica es la obra El ocaso de la Edad Moderna del teólogo alemán Romano Guardini (Das Ende der Neuzeit, publicada en 1950, citado en las notas 83, 84, 85, 87, 88, 92, 144, 154). Sabemos que el Padre Jorge Bergoglio empezó, en Alemania, un proyecto de tesis doctoral sobre Guardini que no culminó.

(3) Finalmente, Francisco cita frecuentemente su propia exhortación pastoral Evangelii gaudium (2013) enfatizando la continuidad y sistematicidad de su mensaje espiritual que es innovador y tradicional al mismo tiempo.

Una idea, un sentimiento, una imagen

Fue precisamente en Evangelii gaudium donde Francisco – preocupado, a manera de un buen párroco, por la atención piadosa de los fieles durante la misa dominical – compartió una recomendación sumamente práctica que, ahora, él mismo aplica en su encíclica. Escribió Francisco en su exhortación pastoral (no. 157): “Una buena homilía, como me decía un viejo maestro, debe contener «una idea, un sentimiento, una imagen».” ¿Cuáles son entonces, la idea principal, el sentimiento predominante y la imagen integradora que dan forma a Laudato Si´?

“Todo está conectado” es la principal idea fuerza. Luego, el asombro ante la grandeza de la creación, el “Alabado seas”, es expresión del sentimiento que envuelve toda su reflexión. Y finalmente, “la casa común” es la imagen alegórica que organiza toda la encíclica. Evidentemente, cualquier encíclica es mucho más compleja que una homilía dominical. Sin embargo, el Papa Francisco parece aplicar aquí de cierta manera la regla sabia de su viejo maestro.

Francisco quizás no es, en esencia, un político como lo era San Juan Pablo. Tampoco es, en esencia, un teólogo como lo es Benedicto XVI. Se muestra más bien, tanto en Evangelii Gaudium como en Laudato Si´, esencialmente como un director espiritual conforme al rol diseñado por Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales.

Se ha dicho, con admiración, que Francisco predica muchas veces como un simple párroco. Quizás se le hace aún más justicia considerando su rol esencial como él de un director espiritual que transmite una sabiduría práctica y biográfica la cual pretende conformar una propuesta concreta e individual de la imitación cotidiana de Cristo por medio de lo que se llama una “espiritualidad”.

El jesuita Jorge Bergoglio, asumiendo su rol de magisterio papal, no deja de ser discípulo de San Ignacio y director espiritual en la tradición jesuítica. Por esto, su primera encíclica propia culmina en un capítulo esencialmente jesuítico titulado “Educación y espiritualidad ecológica”.

Renvar la espiritualidad desde la ecología

Propongo una lectura de la encíclica desde su culminación en el capítulo sexto y último que presenta una síntesis espiritual de todo lo anterior. Desarrollando una “espiritualidad”, Francisco no solamente propone un innovador capítulo de doctrina social de la Iglesia; no facilita solamente orientaciones para la acción de los laicos en el mundo ante los nuevos retos globales; sino, en un gran gesto pastoral, dirige la comunidad católica hacia una renovación, actualización, inculturación e incarnación de su fe por medio de la enseñanza de una “espiritualidad ecológica”.

El capítulo sexto (“Educación y espiritualidad ecológica”) hace pareja con el quinto que contiene “Algunas líneas de orientación y acción”. Es la clásica pareja de vita activa y vita contemplativa, acción y contemplación, simbolizada por la “casa común” de Betania donde vivían juntas las hermanas Marta y María, casa humilde, iluminada por la visita de Jesús (Lc 10, 38-42).

El gran gesto pastoral del obispo de Roma y del director espiritual ignaciano que es Francisco consiste en el enriquecimiento de la espiritualidad católica por el sentimiento contemporáneo y ecológico según el cual “todo está conectado” y por medio del cual – a la imagen del “principio y fundamento” de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio – el ser humano puede conectar y unir todo lo creado en su propia voz que canta el Laudato Si´ naturalmente cósmico, esencialmente humano y por lo tanto “integral” y reconciliado con Dios.

Hay una conexión entre la encíclica Laudato Si´ y el Año Jubilar de la Misericordia convocado por Francisco al promulgar la bula Misericordiae vultus (11 de abril de 2015). Apreciar esta conexión ayuda a entender ambas intenciones del Papa.

En la bula, el Papa conecta su gran preocupación pastoral por la misericordia con el misterio de la Trinidad y proclama solemnemente: “Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad.” (Misericordiae vultus, no. 2) Luego, en la misma convocatoria del año de júbilo y de perdón misericordioso, conecta la Trinidad y la misericordia por la metáfora naturalista del “brotar” de un río: “Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia.” (Misericordiae vultus, no. 25). La misma metáfora del “brotar” la encontramos nuevamente en un punto culminante de la encíclica donde la monumental contemplación ecológica y trinitaria es coronada con una gran frase final: “Todo está conectado, y eso nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad.” (no. 240)

Francisco explica el sentido espiritual y ecológico del misterio de la Trinidad haciendo referencia a San Buenaventura. “El santo franciscano nos enseña que toda criatura lleva en sí una estructura propiamente trinitaria. … Así nos indica el desafío de tratar de leer la realidad en clave trinitaria.” (no. 239) La Trinidad significa que todo está relacionado. Todo es esencialmente relación. En este sentido, la frase “todo está conectado” nos remite al corazón de nuestra fe en Cristo como hijo del padre quien nos comparte la consolación del Espíritu Santo.

Es el mismo San Buenaventura como teólogo de la Trinidad que el Cardenal Walter Kasper cita en su gran manifiesto de la misericordia (La misericordia. Clave del Evangelio y de la vida cristiana, Santander: Sal Terrae, 2013, pp. 94-100), libro emblemático que Francisco llegó a recomendar en su primera alocución del Angelus como Papa recién electo (17 de marzo de 2013).

En el prólogo de su libro, Kasper explica un programa de renovación de la Iglesia que Francisco parece haber adoptado en cierta medida. Dice el cardenal y teólogo alemán: “la espiritualidad y la mística van muy por delante de la teología de escuela”, y luego: “la superación del distanciamiento entre la teología académica y la teología espiritual debe ser un objetivo importante” (p. 9).

Es esta preocupación por la teología espiritual, por la renovación de la Iglesia no tanto desde la teología académica como desde la espiritualidad, que parece articular la encíclica Laudato Si´ y la bula Misericordiae vultus en un solo programa pastoral integral del Papa jesuita.

La conexión entre miserciordia y ecología es también la idea central que sostiene la íntima unión entre el cuidado por la creación y la solidaridad con los más pobres. No hay ecología creíble ni integral que cierre los ojos y oídos ante el escándalo global de la pobreza. Es una preocupación expresada diariamente en su testimonio profético que el Francisco resalta aquí con estas palabras: “Hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres.” (no. 49)

Una Iglesia renovada por una “conversión ecológica” que brota del misterio de la Trinidad podría proponer a todos los hombres de buena voluntad lo que Romano Guardini llama “un arte espiritual de gobernar” (“El ocaso de la Edad Moderna”, en: Obras de Romano Guardini, tomo I, Madrid: Ediciones Cristiandad, 1981, p. 103). Gobernar espiritualmente es lo que Francisco llama “cuidar de la casa común”.

Las palabras de aquel Guardini admirado y citado por Francisco – “un arte espiritual de gobernar” – nos ofrecen otra fórmula de síntesis entre acción y contemplación, otra versión del ora et labora de la tradición monástica (ver no. 126) y del contemplativus in actione al estilo ignaciano. Laudato Si´ culmina, de esta manera, en la propuesta innovadora y renovadora de una “espiritualidad ecológica” que contempla toda la creación con asombro y que activamente cuida de ella como de la casa común. Es la síntesis de las hermanas María y Marta que reciben al Señor en su casa de Betania.

 

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Laudato si’, no. 87:

Alabado seas, mi Señor,
con todas tus criaturas,
especialmente el hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.
Y es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.
Alabado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas, y bellas.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire, y la nube y el cielo sereno,
y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy humilde, y preciosa y casta.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello, y alegre y vigoroso, y fuerte.

San Francisco de Asís

Laudato si’, no. 216

La gran riqueza de la espiritualidad cristiana, generada por veinte siglos de experiencias personales y comunitarias, ofrece un bello aporte al intento de renovar la humanidad. Quiero proponer a los cristianos algunas líneas de espiritualidad ecológica que nacen de las convicciones de nuestra fe, porque lo que el Evangelio nos enseña tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, sentir y vivir. No se trata de hablar tanto de ideas, sino sobre todo de las motivaciones que surgen de la espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo. Porque no será posible comprometerse en cosas grandes sólo con doctrinas sin una mística que nos anime, sin «unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria» (Evangelii gaudium, 261). Tenemos que reconocer que no siempre los cristianos hemos recogido y desarrollado las riquezas que Dios ha dado a la Iglesia, donde la espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo, sino que se vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea.