En la última sesión del seminario interno del CISAV, Rafael Angel Gómez Choreño, profesor e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México y Centro de Estudios Genealógicos, presentó una ponencia sumamente interesante titulada “Los olvidos de la memoria”; en ella muestra que nuestra memoria nos juega “trucos” que no nos permiten darnos cuenta de la gravedad de la violencia en la actualidad. Por ello comenta que al momento de plantear el problema de la violencia debemos tener en cuenta el problema de la dominación cultural.

Así pues, una de las técnicas de dominación que más se ha usado a lo largo de la historia es la estigmatización de la violencia. Y dicho resurgimiento no hubiera sido posible si las técnicas contemporáneas de dominación no se hubiesen seguido basando en la manipulación de la memoria histórica.

En esta manipulación de la memoria histórica se busca que los sujetos olviden la situación de violencia actual que se está viviendo por medio de recuerdos que les ayuden a disipar el miedo y el terror que tienen de: el terrorismo, nacotráfico, movimientos civiles, guerras por el poder social y económico, etc. De este modo, se promueve que las personas recuerden el holocausto, la guerra civil española, ect, como si lo que está sucediendo ahora mismo en Irak, Libia o  en la misma América Latina no tuviera relación con el exterminio.

El Prof. Gómez mostró que para este análisis de la manipulación de la memoria histórica se debe hacer una genealogía de la violencia, la cual se debate continuamente entre el oportuno olvido y el oportuno recuerdo. Esto servirá para ubicar y reconocer las discontinuidades que los olvidos de la memoria han generado en nuestro presente.

Al momento de abrirse la mesa de discusión Gomez junto a los investigadores del CISAV analizaron las causas y métodos de manipulación de la memoria histórica que permitieron (y permiten) que se justifique y disimule la violencia. Así mismo, se discutió sobre la falta de control de lo que recordamos y olvidamos a nivel tanto personal como social, ello impide que nos hagamos responsables de exceso de violencia en el que somos capaces de vivir y lamentablemente, olvidar.