Por Dr. Christian Jesús Hamilton Núñez.
El mundo al revés de nuestros anhelos y la aspiración de un mundo mejor
El ser humano por naturaleza anhela que haya paz y la felicidad en el mundo entero, sin embargo, nos enfrentamos a una paradoja que refleja una realidad ineludible: queremos vivir en unidad, y vivimos totalmente divididos. Queremos vivir en paz, pero vivimos en constante conflicto; queremos un mundo de amor, pero lo que prevalece es el odio; queremos vivir tranquilos, pero estamos constantemente acelerados.
En este sentido, la realidad no es precisamente lo que uno desea, en ocasiones se asemeja al «mundo al revés», como el del poema infantil de José Agustín Goytisolo (s.f) «Érase una vez un lobito bueno», en el cual los roles tradicionales de las fábulas se invierten, presentándonos una metáfora de nuestra propia contradicción:
Érase una vez un lobito bueno al que maltrataban todos los corderos.
Y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado.
Todas esas cosas había una vez, cuando yo soñaba un mundo al revés.
Esta aspiración de un mundo mejor no es sólo un ejercicio individual; es un anhelo colectivo que tiene origen en la esencia del ser humano, y aunque la brecha entre nuestros anhelos y nuestra realidad no es insalvable, la clave fundamental de la transformación reside en comprender que el cambio no es un evento, sino un proceso continuo que debe ser sostenido día a día. Para ello es necesario cultivar y mantener este proceso con gozo en la acción y con la esperanza firme de que es posible trascender la triste realidad hacia la materialización de nuestros anhelos.
Esto mismo se puede percibir en el pensamiento de Norman Cousins (citado en Verbub, s.f.) quien advirtió que «la gran tragedia de la vida no es la muerte. Es lo que dejamos morir en nuestro interior mientras estamos vivos». Por consiguiente, el ahora se vuelve el momento para actuar, de ponernos en «modo extraordinario» y empezar a hacer cosas que jamás hemos hecho por nosotros y por los demás. Debemos creer en nosotros, y pensar en que todo será posible. Empecemos cuanto antes, ¡hoy mismo!, con acciones tan simples como la lectura de un nuevo libro, de aperturarnos a la escucha activa cuando alguien tiene algún problema, de disfrutar en vez de agustiarnos.
Debemos recordar también que para lograr esta profunda transformación, es imprescindible adoptar una filosofía de vida equilibrada y constante que integre la sabiduría de las distintas etapas de nuestra vida. Algo similar a lo que describe la frase “Piensa como adulto, vive como joven, aconseja como anciano y nunca dejes de soñar como un niño”, que invoca la gestión consciente de nuestro alter ego sólo armonizando la responsabilidad (Adulto), la pasión (Joven), la perspectiva (Anciano) y la imaginación (Niño) podremos mantener el equilibrio necesario para sostener el proceso del cambio y vivir la vida anhelada.
Sin embargo, la paradoja ineludible de la transformación nos confronta con una verdad fundamental: la única vía para aspirar a un mundo de unidad, paz y amor es asumiendo la responsabilidad de nuestra propia realización. Guiados por la gratitud y el privilegio de vivir, cada mañana se convierte en el punto de partida para construir nuestra mejor versión y así tratar de lograr una condición para un cambio social, es decir; si de verdad queremos cambiar algo debemos empezar por cambiar nosotros mismos.
Al integrar la transformación interna con la acción externa, nuestra mejora personal deja de ser un fin egoísta para convertirse en el medio esencial para lograr el propósito superior: un mundo donde la felicidad impere, la paz impregne todas las vidas y el amor sea, finalmente, el motor inagotable de la humanidad.
En conclusión, el cambio social no es un evento externo que surge de la nada, sino el reflejo colectivo de nuestras transformaciones individuales. Intentar reformar el mundo sin antes transformar nuestra propia mente y corazón es construir sobre arena. La verdadera revolución comienza en el espejo; solo cuando asumimos la responsabilidad de nuestra evolución interior, adquirimos la fuerza y la coherencia necesarias para construir una sociedad verdaderamente justa, humana y sostenible.
Finalmente, la transformación interior como condición del cambio social depende de cada uno de nosotros, tal como se resume en la siguiente frase: Depende de ti lo lejos que llegarás. Si nunca lo intentas jamás lo sabrás.» (Merlín, en La Espada en la Piedra, 1963).
Referencias
Gómez, N. (11 de marzo de 2026). Aristóteles, filósofo griego: “Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito”. Infobae. https://www.infobae.com/espana/cultura/2026/03/11/aristoteles-filosofo-griego-somos-lo-que-hacemos-repetidamente-la-excelencia-entonces-no-es-un-acto-sino-un-habito/
Goytisolo, J. A. (s.f.). [Érase una vez…Un lobito bueno]. En Cantos tradicionales. Biblioteca Digital ILCE. URL . https://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/Colecciones/index.php?clave=cantos-tradicionales&pag=63
Geral. (s.f.). Frase de Merlín sobre el esfuerzo y el límite de cada persona. Club de Escritura. https://clubdeescritura.com/perfil/120283/geral/#folder-132133
Norman Cousins (citado en Verbub, s.f.)





