No hay paz sin justicia social

Por Andrea Munguía Sánchez|

Hace unos días me dieron la noticia de que el bebé que espero es niña. No sé qué rostro puse cuando el médico nos dijo, que al salir su papá me preguntó si estaba decepcionada por la noticia, pues al contrario de él, que no dejaba de reír en una combinación de nervios y felicidad, yo sólo dejé salir un suspiro largo y me quedé callada mientras observaba sus movimientos en la pantalla. 

La verdad, es que me encuentro muy feliz, sin embargo cuando escuché “órganos femeninos” y tan cercano al 9M lo único que pude sentir en ese momento fue miedo. Miedo porque tendría que decirle desde muy pequeña que si alguien tocase su cuerpo sin permiso tuviera toda la confianza de decírmelo y que no era su culpa, porque es muy posible que nuestra sociedad siga siendo patriarcal, machista y feminicida, por lo que tendrá que tomar más precauciones de las que yo hice cuando era niña, como tomar clases de defensa personal, cargar con ella “n” cantidad de artefactos con los que pueda pedir ayudar o defenderse si se siente atacada o las veces que podrán acosarla, sexualizarla y hasta tomarle fotos sin su consentimiento, etc. Cosas, que seguramente todas las mujeres, a las que llegue este texto, entenderán y que han experimentado en algún momento de su vida. 

Ese miedo inmediato que sentí me hizo recordar que no hace mucho se “celebró” el Día Internacional de la Justicia Social (20 de febrero) y de cómo pareciera que ésta es inalcanzable. Previo a ese día, en redes sociales, noticieros y charlas de pasillo sólo se habló de los feminicidios de la pequeña Fátima e Ingrid Escamilla. Sólo se vieron imágenes con frases, convocatorias al paro nacional por un día sin mujeres este 9 de marzo, cifras sobre el feminicidio en nuestro país, frases de apoyo de mujeres a otras mujeres y de hombres a mujeres, y sí, desgraciadamente también, burlas de hombres hacia las mujeres. Culpándonos de que nos matan porque decidimos vestirnos tal, salir con cual, llegar a cierta hr., etc. Pero Fátima tenía 7 años. Ni se vistió, ni salió, ni nada y aún así la mataron. Aún así, estando con las personas en las que confiamos, nos desaparecen, amenazan, acosan, torturan, violan y nos siguen matando.

Pensé entonces en aquel caso de dos mujeres Me’phaa violadas por miembros del Ejército Mexicano. En particular, sobre este caso, una de las víctimas insistió en que la reparación de los daños de su violación tendría que ser para todas las niñas y mujeres de su comunidad debido a que “en las comunidades indígenas mexicanas como lo es la comunidad me’phaa, lo individual y lo colectivo se encuentran estrechamente vinculados por lo cual las experiencias de violencia que sufre una persona son vividas como una afrenta hacia la comunidad en su conjunto que trae aparejada un desequilibrio en la estabilidad colectiva” (Hernández y Ortiz, 2012:74). 

El impacto que la violación de las mujeres tuvo en la comunidad se manifestó en la enfermedad del susto, provocando que el alma saliera de su cuerpo (huyendo al monte) y padecieran fuertes dolores de cabeza, escalofríos, temblores, pérdida de peso e insomnio (74). 

 Sobre este hecho, las víctimas manifestaron lo siguiente: 

“Mientras no haya justicia nuestros espíritus no están tranquilos, hay mucho miedo y no podemos dormir tranquilas, porque sabemos que si no se castiga lo que hicieron los ‘guachos’ (término con que se designa a los militares), lo pueden volver a hacer. La falta de justicia produce “va jui y garmitú” (Hernández y Ortiz, 2012:74).

Es decir, esta situación desató una enfermedad en las mujeres de la comunidad, que no tendría cura hasta que se castigara a los militares, pues ninguna mujer se sentía segura en su propio hogar. Hoy en día, no hay mujer que no sienta alivio de llegar viva a su casa o de manifestar alegría al saber que sus amigas, conocidas o familiares han llegado a las suyas. Sensaciones que pocos hombres llegan a experimentar.

Actualmente, la violencia de género se ha vuelto una enfermedad en nuestra sociedad. Las mujeres padecemos miedo, nuestros espíritus no encuentran paz. Todas aquellas manifestaciones intentan curar el dolor de voces que no pueden exigir justicia, abogando por mostrar los rostros y no sólo números, ante una autoridad que sólo se venda los ojos. Todo eso es muestra de que, como mencionan Murillo y Hernández (2011: 8), lo tradicional ya no es suficiente. Razón por la que las mujeres hemos decidido hacernos escuchar de otras formas. Ya no es suficiente una denuncia, un post; no basta con explicar por qué es importante que la mujer no se calle ni se estigmatice por haber sufrido abuso o violencia sexual, y que por eso se marcha, por eso se grita, se pinta, se canta y hasta se ausenta. Quedarnos calladas y dejar que se siga reproduciendo la violencia de género ya no es opción. De ahí, donde lo individual tiene efecto en lo colectivo, se desprenden frases como “Si nos tocan a una, nos tocas a todas”, “Nos están matando” y recientemente “Marchas por mi hija que me la mataron y yo marcho por la tuya que sigue viva”. 

Otros países como España y Argentina han buscado implementar políticas públicas con mirada feminista como respuesta a la justicia social y de género (Pérez Castaño en Gordillo, 2019). En México, ni el gobierno ni muchos otros hombres (e incluso mujeres) comprendieron el mensaje. Ya se han manifestado en redes que empresas que apoyaron el paro del 9M lo hicieron con permutas, es decir <<hoy no laboras pero en días contiguos cubrirás la producción de hoy>> o con home office; hubo despidos por acudir al paro; y aún hay hombres atacando y burlándose de las mujeres que protestan/protestaron porque su madre, esposa, hermana, hija, sobrina, novia, etc. vivan libres y sin miedos. El presidente señaló que las estrategias para combatir la violencia contra la mujer seguirán igual, sin cambios, pero sí felicitó (irónicamente) que se se ejerza el derecho a la manifestación y su contribución por hacer conciencia nacional. 

Aunque no hay una definición objetiva de “justicia social” y ésta puede ser multifactorial, existen dimensiones susceptibles a mejorarse para reducir la desigualdad social (CEEY, 2018). En nuestro país, los indicadores más fuertes están relacionados al salario empobrecido percibido por jornada laboral, al rezago educativo, la falta de oportunidades para el desarrollo social y personal por cuestiones de género, y las diferencias sociales para el gozo absoluto de los derechos humanos. Precisamente, la lucha feminista reivindica la necesidad de justicia social para las mayorías, en lugar de una igualdad neoliberal, formal o “de oportunidades”, para que algunas alcancen el privilegio de unos pocos (Millán y Carvacho, 2018), a través de una lucha que exige un cambio sociocultural y estructural que no dé beneficios parciales sino completos e iguales para todas las mujeres. 

Ante el rechazo del gobierno mexicano a tomar las medidas necesarias para garantizar los derechos y las libertades de las niñas, adolescentes y mujeres del país, sumándole sus evasivas sobre el tema o desvirtuando el mensaje del paro, convirtiéndolo en una “amenaza” para su mandato por “los embates de los conservadores y ataques de oportunistas” (Arista, 2019) que se abanderaron del movimiento feminista, las mujeres mexicanas, cansadas de vivir, al igual que las mujeres Me’phaa, bajo el susto y ser siempre víctimas nos manifestamos el 9M y lo seguiremos haciendo para visibilizarlo todo, manifestarnos hasta que nos den todo lo que queremos, hasta que las altas tasas de feminicidios, desigualdades y otro tipo de violencias ejercidas hacia la mujer terminen. No pararemos hasta que nos hagan justicia social, a las que estuvieron, las que estamos y las que estarán. 

Referencias bibliográficas

  • Arista, Lidia. 10 de marzo de 2020. AMLO rechaza cambiar estrategia de seguridad tras marcha y paro de mujeres en Expansión Política. Disponible en https://politica.expansion.mx/presidencia/2020/03/10/amlo-rechaza-cambiar-estrategia-de-seguridad-tras-marcha-y-paro-de-mujeres.
  • ¿Existe la justicia social en México?. 2018. Centro de Estudios Espinosa Yglesias. En  https://ceey.org.mx/existe-la-justicia-social-en-mexico/. 
  • Gordillo, Florencia. 12 de abril de 2019. El feminismo es la respuesta a la necesidad de justicia social y género en La Nueva Mañana. 
  • Hernández Castillo, Rosalva Aída y Ortiz, Elizondo Héctor. 2012. Asunto: Violación de una indígena Me’phaa por miembros del Ejército Mexicano. Presentado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos Abril-Mayo 2010 en Peritaje Antropológico en México. Reflexiones y Experiencias. Boletín, Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales , A.C. México. Pp. 67-81.
  • Millán, Francisca y Carvacho Daniela. 1 de junio de 2018. Todas para todas. El feminismo es justicia social en El Desconcierto, Chile. Disponible en https://www.eldesconcierto.cl/2018/06/01/todas-para-todas-el-feminismo-es-justicia-social/. 
  • Murillo, Javier F. y Hernández-Castilla, Reyes. 2011. Hacia un concepto de justicia social. en Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia, y Cambio en Educación. Vol. 9 (4). Disponible en https://revistas.uam.es/index.php/reice/article/view/4321/4641.