Por José Enrique Gómez Álvarez.
Cada 4 de febrero se conmemora el Día Mundial contra el Cáncer. El cáncer es una de las enfermedades que más retos genera, aunque haya habido muchos avances a través de los años en cuanto a prevención y tratamiento. En cuanto a su incidencia, señala la Organización Panamericana de la Salud (OPS):
En 2022, hubo más de 4,2 millones de nuevos casos de cáncer en la región, y se prevé que aumente un 60% para 2045 a 6,7 millones de casos. El cáncer es una de las principales causas de muerte en las Américas. En 2022, el cáncer representó 1.4 millones de muertes, el 45% de las cuales ocurrieron en personas de 69 años o menos (OPS, 2026:s.p.).
Lo anterior muestra que todavía es un reto muy importante en el ámbito de la salud pública. En prevención, el elemento de mayor resistencia quizás sea la falta de previsión y chequeos regulares de los pacientes. No se trata, por supuesto, de que las personas vivan en sobrealerta, pero, no obstante, el chequeo de pruebas para cáncer cervicouterino, el de próstata y mama deberían ser regulares, además de socialmente aceptados y fomentados.
La prevención se da en las campañas en los distintos centros de salud. Pero las campañas más importantes deben darse a nivel comunitario cotidiano. Se debe informar sobre el cáncer y no evitar hablar sobre el tema e integrarlo como parte del cuidado, como puede ser el comer bien o el hacer ejercicio. La cotidianidad del cáncer no debe centrarse en “los otros” que padecen cáncer, sino en el prevenir en uno mismo al cáncer o detectarlo en etapas tempranas. El fomentar una cultura de aceptación de las enfermedades como presentes entre nosotros probablemente disminuiría los diagnósticos tardíos.
Para la reducción de la mortalidad por cáncer es crucial el área preventiva individual, pero al mismo tiempo está el reto de disponer de todos los insumos para su detección y los recursos humanos para los procedimientos de diagnóstico. El cáncer tiene un pronóstico más favorable cuando es detectado en etapas tempranas. Así, que el reto es balancear una cultura de la autoobservación de signos y síntomas que ayude a la detección temprana y otra capacitar y facilitar en los entornos clínicos una verdadera actitud de escucha ante posibles síntomas que menciona el paciente, aunque parezcan poco importantes.
Otro elemento de la prevención es evitar los factores de riesgo como el tabaquismo. Por supuesto, se ha tenido que ir avanzando en una cultura en donde no se niega ya la correlación causal del tabaquismo y el cáncer, aunque se siga permitiendo el consumo del tabaco. La educación y el fomento de la autorresponsabilidad son cruciales para atender estas dolencias. Cuando se revisa la frecuencia de los cánceres en la población, se descubre que la mayoría son prevenibles o detectables en etapas tempranas:
- Los tipos de cáncer diagnosticados con mayor frecuencia en los hombres son: próstata (21.8%), pulmón (8.6%), colorrectal (7.7%) y vejiga (4.5%).
- Los tipos de cáncer diagnosticados con mayor frecuencia en las mujeres son: mama (26.1%), pulmón (8.5%), colorrectal (7.9%) y útero (5.4%) (OPS, 2026: s.p.).
Hay un campo de oportunidad para combatir con mayor eficacia estas dolencias. De nuevo, a nivel individual, hay que educar desde muy jóvenes en la prevención de esta enfermedad. El promover vidas saludables en los individuos debe dejar de ser visto como optativo. La educación física, por ejemplo, debe fomentarse en la infancia, pero con un plan de continuidad entre la escuela y fuera de ella. No convertir así la educación física y de la salud en una asignatura más en la currícula, sino en una cultura de vida.
La prevención está siempre en un equilibrio y un punto de encuentro entre los esfuerzos individuales y sociales. Las campañas de orientación tienen que informar sin duda, pero lo más difícil es lograr una cultura de autocuidado. Las campañas deben persuadir el cuidado continuo y el sentir la corresponsabilidad del cuidado.
Lo anterior conecta con el principio de libertad y responsabilidad. Las personas deben elegir dentro de sus estilos de vida lo más adecuado que los proteja del cáncer. Las personas jóvenes deben tener seguimientos regulares como el papanicolau para así prevenir el VPH o los autoexámenes para detectar posible presencia de cáncer de mama.
Un tema controversial en torno al VPH es la vacunación. Como se asocia el VPH (De hecho, es una enfermedad de transmisión sexual) con vida sexual activa y la vacuna se recomienda aplicarla, de inicio, en menores de edad, los padres pueden oponerse debido a que, según algunos padres, podría sugerir que es una especie de autorización para el inicio de la vida sexual. Los efectos secundarios y límites de la vacuna sin duda se deben compartir con los padres, pero puede cuestionarse el caso de los menores, ya que implica hablar de temas de la sexualidad. Dicho de otro modo, se produce la dificultad de respetar tanto la autoridad de los padres como la autonomía del menor. También es posible que se produzca estigmatización, es decir, el etiquetar a la vacunada (o al vacunado) como “promiscua (o)” u otro adjetivo degradante.
Otro elemento se conecta con el cálculo de costos y beneficios. En las vacunas de otras enfermedades, por mencionar el sarampión, no suele cuestionarse este principio. Es una enfermedad muy contagiosa y la vacuna genera protección sobre una enfermedad, por decirlo de algún modo, no buscada. Pero en el VPH solo puede producirse el contagio por actividad sexual, entonces, ¿por qué correr riesgos de vacunación si con la abstinencia sexual se puede impedir?
Ahora bien, lo que se busca de cualquier forma es considerar el balance entre el costo y el beneficio del cáncer potencial. Desde el punto de vista comunitario, un problema es más bien el acceso a la vacuna, sobre todo en zonas o países pobres. Otro tema controversial es que la vacunación se enfoca en las niñas, a pesar de que los niños pueden adquirir cepas también dañinas, cancerosas, o pueden convertirse en transmisores potenciales del VPH. Dicho de otro modo, se pueden plantear problemas éticos de discriminación.
La OPS promueve acciones que incluyen tanto el área de prevención como el combate al consumo de alcohol y tabaco, así como el acceso a los servicios de salud apropiados, incluidos cuidados paliativos adecuados en los casos de cánceres avanzados. La OPS busca así:
- Aumentar los impuestos, restringir el acceso y advertir sobre los peligros del tabaco y del uso nocivo del alcohol.
- Promover la conciencia pública acerca de la dieta saludable, la actividad física y el peso saludable.
- Inmunizar contra la hepatitis B desde el nacimiento para prevenir el cáncer de hígado, y contra el Virus del Papiloma Humano a las adolescentes para prevenir el cáncer cervicouterino.
- Organizar programas de tamizaje para detectar y tratar las lesiones precancerosas y prevenir el cáncer cervicouterino, además de detectar en forma temprana el cáncer de mama (OPS, 2026: s.p.).
Como conclusión, tenemos el deber individual y social de buscar acciones de prevención y atención del cáncer de acuerdo con la dignidad humana que respete y fomente la responsabilidad individual y el apoyo entre todos, a pesar de ciertos conflictos éticos que pueden presentarse.
Referencias
OPS (2026). Cáncer. Disponible en: https://www.paho.org/es/temas/cancer




